Nafta
Ideas medio rotas
A mucha gente le gusta el petricor.
Esa palabra elegante para decir “olor a lluvia recién caída”.
Lo dicen con romanticismo. Como si el mundo empezara de nuevo cada vez que el agua toca el asfalto.
A mí no.
A mí me gusta el olor a nafta.
No lo digo en voz alta porque suena raro. Tóxico. Poco poético.
Pero para mí es infancia.
Mi papá trabajaba en una estación de servicio ESSO.
Los domingos yo iba a pasar el día con él. Mi mamá me llevaba hasta la parada del colectivo de ida y me miraba subir como si estuviera cruzando un océano. Era el primer viaje que hacía solo. Me sentía grande. Importante. Casi invencible.
En la parada de llegada estaba él. Siempre parado igual. Brazos cruzados. Uniforme rojo y gris. Olor a combustible pegado a la ropa.
Y los brazos cruzados no eran porque sí. Él era… de esos que no saben qué decir.
Los surtidores como robots, el “clic” de las mangueras, el brillo aceitoso del piso; no era mi lugar favorito en el mundo, pero estaba con él (y era mi permitido de pancho y golosinas)… y cada domingo era igual… los brazos se iban descruzando cada vez más.
Nuestras charlas estaban llenas de futuro. Me acuerdo de que ahí planificamos un montón de cosas, que la mayoría no llegaron porque era un prometedor serial. La falta de que esas promesas no se hayan cumplido nunca no fue un inconveniente para mí… siempre preferí que me alentaran a imaginar de más antes que quedarme en la tierra.
Una cosa sí me molestaba: que llegaran autos a cargar nafta. Sacarle palabras a mi papá era difícil, pero cuando empezaba a jugar… a correrme para levantarme en el aire o tirarme al suelo para hacerme cosquillas porque sabía que me reía tanto que me daban ganas de vomitar, jugaba de verdad… el juego era cosa seria. Todo se cortaba por algún auto (que un domingo a la tarde en esa locación era raro) que venía a llenar su tanque, y yo respiraba hondo, no porque el olor me gustara, sino de fastidio. Y me acercaba… no quería oler la nafta, quería estar cerca.
Hay gente que cuando llueve cierra los ojos y sonríe, yo sonrío cuando voy a cargar nafta y el aire se vuelve: esperar para volver a jugar.


